
Siempre le tuve miedo a esa clase de independencia que nos desprende de lo queremos.
Nos aparta sin anestesia, y de golpe y porrazo amanecemos maniatados en nuestra propia libertad. Aunque pensándolo bien, en realidad, nos encadenamos a la aventura; la libertad es sólo un paso que nos permite darle el comienzo a nuestros riesgos. Eso sí: no hay necesidad de desprenderse por completo si en verdad, lo que queremos es no despegarnos jamás.
En el trajín de los días, solemos olvidarnos o no prestarle importancia a aquellas circunstancias que hicieron que hoy nos encontremos aquí. Descuidos, despistes, olvidos. Nuestra vida también está hecha de eso. Ser libres, sí. Contagiarnos de aquella libertad que por tanto tiempo ansiamos... Pero no olvidarnos nunca de quiénes somos, de dónde venimos, quiénes nos acompañaron, y por supuesto: A dónde queremos llegar.
A pesar de todo, sigo adelante.
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